
"Coronados de mirtos, entramos, con los otros iniciados, en el vestíbulo del templo-ciegos aún-; pero el hierofante, que está en el inetrior, pronto nos va a abrir los ojos. Mas antes -porque no hay que hacer nada con precipitación- lavémonos con el agua sagrada. Porque se nos ruega que entremos con el corazón y las manos limpias en le recinto sagrado. Conducidos ante el hierofante, nos lee, en un libro de piedra, cosas que no debemos divulgar, bajo pena de muerte. Digamos sólo que ellas se armonizan con el lugar y la circunstancia. Reiríais quizá si las oyeses fuera del Templo; pero aquí no tenéis ninguna gana de ello al escuchar las palabras del anciano, porque se porta como tal, y al mirar los símbolos revelados. Y estáis muy lejos de la risa cuando Demeter confirma, por su idioma particuar y sus signos, por vivos centelleos de luz, nubes amontonadas sobre nubes, todo lo que hemos visto y oído de su sacerdote sagrado; entonces, finalmente, la luz de una serena maravilla llena el Templo; vemos los puros campos de Elíseo; oimos el canto de los bienaventurados; entonces, no es solamente por una externa apariencia o por una interpretación filosófica, sino en hecho y realidad, como el hierofante se convierte en el creador y el revelador de todas las cosas; el Sol sólo es su portaantorcha, la Luna su oficiante cerca del altar, y Hermes su Heraldo místico. Pero la última palabra se ha pronunciado; Knox Om Pax*".
*Aquí, la traducción vendría siendo: "Que tus deseos se cumplan; vuelve al alma universal"
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